El Evangelio de la Creación

Durante siete semanas, seremos iluminados, desafiados e inspirados a través de las palabras de Francisco y la vida de Aguchita mientras continuamos nuestro viaje con ella a la luz de la carta encíclica del Papa Francisco Laudato Si': Sobre el cuidado de la casa común. En esta tercera semana, reflexionaremos sobre el Capítulo Segundo de la encíclica: 'El Evangelio de la Creación'.
 

En el segundo capítulo, Francisco habla de cómo cuando tomamos conciencia del reflejo de Dios que hay en todo lo que existe, el corazón experimenta el deseo de adorar al Señor por todas sus criaturas y junto con ellas. En particular, escribe:
 

Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios. La historia de la propia amistad con Dios siempre se desarrolla en un espacio geográfico que se convierte en un signo personalísimo, y cada uno de nosotros guarda en la memoria lugares cuyo recuerdo le hace mucho bien. Quien ha crecido entre los montes, o quien de niño se sentaba junto al arroyo a beber, o quien jugaba en una plaza de su barrio, cuando vuelve a esos lugares, se siente llamado a recuperar su propia identidad.

 

Fueron cincuenta años después que ingresó a la Congregación en 1940 antes de que Aguchita tuviera la oportunidad de volver entre los montes de su infancia en Coracora. En aquella ocasión, en compañía de sus hermanos, tuvo la oportunidad de recordar su infancia y parte de su adolescencia. Caminó a paso lento por los parajes en los que alguna vez corrió cuando era una niña rebosante de energía, visitó las orillas de la laguna azul de Parinacochas y contempló las parihuanas que parecían banderas. Recorrió las chacras y pisó la tierra que alguna vez ayudó a sembrar y cosechar; remojó sus pies en el río para disfrutar el agua fría de la serranía; y también estuvo en la huerta donde alguna vez contempló bellas flores salpicadas en las matas.
 

Para Aguchita, estos espacios habrían tenido un significado personalísimo; le habrían hablado de la historia de su propia amistad con Dios. Solo un año antes de encontrar el martirio en La Florida, este viaje le permitió volver a visitar los recuerdos y recordarle de su propia identidad.
 

¿Qué espacio geográfico en particular te habla de tu propia amistad con Dios? Vuelve allí, aunque sea en el silencio de tu contemplación. Escuche lo que Dios le dijo allí, y lo qué le está diciendo ahora. Esté presente en la caricia del tierno cuidado de Dios y traiga consigo ese abrazo reconfortante cuando regrese al presente.