La vida se abre paso a través de la muerte

El asesinato de Aguchita no quedó en el silencio y se publicaron muchos comunicados oficiales tras su muerte y entierro. Hoy, mientras seguimos reflexionando sobre la vida y el legado de Aguchita, compartimos el segundo de cuatro de ellas, a continuación:
 

Comunicado de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos del Perú
 

Nuestro país, desde hace mucho tiempo, está viviendo una escalada de violencia en muchos sentidos, que termina con la vida de un gran número de peruanos indefensos; muertos por la violencia subversiva, muertos por la violencia represiva, muertos por la violencia estructural de nuestro país: hambre, corrupción que impera en tantos campos, etc.
 

En este contexto, el día 27 de setiembre fue selectivamente asesinada nuestra Hermana María Agustina Rivas, religiosa de la Congregación del Buen Pastor, junto con otras seis personas, pobladoras de la Florida, en la Provincia de Chanchamayo, Junín. Murió dando testimonio de su fe en el Señor de la Vida y de su pertenencia al pueblo sencillo y desvalido del interior de nuestro país. Murió sin defensa como mueren día a día nuestros pobres. Murió como una peruana humilde que no puede comprender cómo es posible que en un país de hermanos nos estemos matando unos a otros.
 

Estamos convencidos de que Dios la ha recibido como a una hija muy querida y que esta no es una muerte inútil ni ambigua; y sabemos que el Señor de la Vida, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que sabe que el grano muere para dar fruto, sacará los frutos de paz que todos esperamos. Creemos que no es quitando vidas como se hará un país fraterno en el que podamos vivir humanamente, sino que, por el contrario, es haciendo que todos tengan vida y la tengan en abundancia (Jn. 10) como podremos brindar a todos la posibilidad de justicia y paz.
 

Junto con la hermana Agustina, las Religiosas del Buen Pastor y tantos religiosos y religiosas que en el Perú gastan su vida por los pequeños, queremos reafirmar nuestra vocación de seguir fieles a nuestro Dios en el acompañamiento a este pueblo humilde que se ve expuesto a la muerte permanentemente. Estamos convencidos de que ese es nuestro lugar y la manera de seguir a Jesús, presente en la experiencia sufriente de nuestro pueblo.
 

Que el Señor de los Milagros, Señor de los pobres y oprimidos de nuestra tierra, nos dé las fuerzas para poder construir un mundo más justo en solidaridad con los pobres.

6 de octubre, 1990
 

Puede que no hayas experimentado la violencia de Estado, el terrorismo o la guerra, pero la injusticia social que causó el martirio de Aguchita continúa en formas de racismo, sexismo, crímenes de odio y violencia de género, entre muchas otras. ¿Hasta qué punto eres consciente de las formas de violencia subversivas, represivas y estructurales que siguen negando la vida a tantos de nuestros hermanas y hermanos en todo el mundo? ¿Y cómo, al igual que Aguchita, puedes desafiar pacíficamente esta violencia mientras das testimonio de tu fe para crear oportunidades de vida y de justicia para los humildes a los que dedicas tu vida en la Misión?