Lucía es una de nosotros

En el año 2001, dije al Señor: "Sí, soy una hoja blanca, puedes dibujar en las páginas de mi vida" pero, nunca imaginé tal diseño. Desde ese momento, mi Sí continua, porque el Señor me pide que le renueve constantemente.

Nací en Siria, vivo en Francia desde hace veinte años y me nacionalice en después de diez años. Escogí la  Congregación del Buen Pastor por su obra con mujeres y niños. Quería volver a mi país para vivir este apostolado.

Pero mi congregación me envió a Lyon con las familias y las mujeres (sudanesas e  iraquíes...) refugiadas en Francia. Con ellas, descubrí la misma cultura, el misma idioma. Las personas dijeron "Lucía es una de nosotros". Juntas viajamos en este camino de éxodo. Ellas querían dar el nombre de “Buen Pastor” a su fraternidad

Hoy, siete años más tarde, cuando releo esta misión, sólo puedo dar gracias a Dios por este largo camino con estas mujeres refugiadas, y por todo lo que nos ha hecho crecer juntas.

En el 2012 que llegué a Toulon, en Francia... fue una familia iraquí que me dio la bienvenida con los brazos abiertos! En 2013, dos familias de Siria llegaron a Toulon, huyendo de la guerra que se vive en Alepo, Mosul y otras partes. Desde entonces su número ha ido en aumento; ya hay alrededor de un centenar de personas de origen sirio e iraquí.

Con estas Familias refugiadas que vienen de mi País, me siento empujada  aún más el compromiso. Yo quería ir a ayudar allá en Siria pero ahora no tengo otra opción; tengo que responder a la llamada, una llamada de emergencia ante esta oleada de refugiados; escucharlas, acompañarlas, ser su intérprete, encontrar soluciones y ayuda a las necesidades administrativas, etc. Mi presencia en Francia durante 20 años y mi conocimiento de la vida aquí y de la sociedad aquí representa una importante ayuda para darles la  bienvenida. El Señor me ha traído aquí como instrumento para estar con su pueblo.

En el 2014, mi propia familia llegó a Francia, en la familia hemos perdido diez miembros  entre Alepo, Homs y la travesía en el mar... y esto parece no terminar. A la llegada de mi familia yo estaba dividida; entre la alegría de verles a salvo y la cólera en contra de esta guerra que continúa arrancando la vida a más personas. Sí, yo estaba habitada por estos sentimientos, y todavía me pregunto ¿Por qué?

Así que, en comunidad estamos trabajamos en nuestro proyecto para que todas juntas respondamos de la mejor manera posible a esta dramática situación que está tocando a nuestra puerta. También, para responder a la llamada del papa Francisco ante el sufrimiento de estas personas que están siendo desarraigadas de sus tierras: "No olviden que los migrantes antes que ser números son  personas, con nombres, rostros e  historias concretas"

Como elementos de respuesta para esta situación tenemos: Acogida, correr riesgos, perseverancia, abandono  a la voluntad Divina y la esperanza en Dios. Como Abrahán, como José, como María, ser una mecha humeante.

Ante esta tragedia que miles de personas están viviendo hoy en día, hombres, mujeres y niños que están en camino; como soldado de Cristo mi corazón se abre para recibirlos, él es el anfitrión en el refugiado indefenso e indocumentado.