Vivir en la familia de Dios

Artículo por Estella Rhee,
Provincia del Noreste de Asia.

 

La Casa de Madeleine fue abierta en enero del 2019 por las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor en Corea para ayudar a las víctimas de la prostitución, recuperar sus derechos humanos y devenir miembros sanos de la sociedad.
 

El nombre del hogar está basado en la historia de apertura de refugios para mujeres que quitaban la prostitución: fue una respuesta al desafío que la Señora Madeleine Lamy presentó a San Juan Eudes para que hiciera algo concreto por estas mujeres. La carta que sigue fue escrita por Yumi Lee, una antigua residente de la Casa de Madeleine. Ella obtuvo su licencia de asistente de enfermería el pasado 5 de junio de 2021, para volverse autosuficiente. 
 

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Yo morí el 11 de junio de 2019. Y en la tarde del día siguiente, 12 de junio, llegué a la Casa de Madeleine como un cadáver viviente, literalmente devastado. Sin embargo, hoy, dos años después, he vuelto a nacer y estoy aquí en la Casa de Madeleine como un verdadero miembro de la sociedad.
 

Han pasado muchas cosas en los últimos dos años: la despiadada autoagresión, los atracones relacionados con el estrés, los problemas de la piel, las alergias, la pérdida del cabello, y otras formas de auto rechazo corporal iban más allá de mi salvaje imaginación.
 

Los profesores constantemente estuvieron de mi lado, mostrándome sus cuidados y preocupación. Siempre me dijeron que era bonita, a pesar de mi conducta inmadura que no era acorde con mi edad. Gracias a ellos y a su arduo trabajo, me siento capaz de sonreír como lo hago ahora. Aquí, por primera vez en mis 48 años de vida aprendí lo que significa una verdadera familia.
 

Así como un león deja caer a su cachorro desde el acantilado para enseñarle las reglas de sobrevivencia, Eum, uno de los profesores, me condujo de lado más brillante de la sociedad a través de un programa de participación, educación, certificación profesional y empleo. Él jugó el rol de mi “padre”, y caminó conmigo codo a codo como cuando se enseña a un bebé a caminar; algunas veces de manera severa, otras veces más afable.

 


Yumi Lee en una visita al museo con algunos de sus "familiares".

 

La directora de la Casa de Madeleine, Agatha, fue como mi “madre” Ella observaba y aceptaba todo, aun cuando titubeaba o estaba actuando tontamente; algunas veces ella misma hizo las reglas más flexibles para mí, mostrándome que estaba incondicionalmente de mi lado. Ella me dio la sabiduría para darme cuenta de mis propios errores.
 

Yun, otra de mis profesoras, fue como mi “hermana mayor” o una amiga querida. Ella hablaba de manera cuidadosa conmigo, como a una igual. Recuerdo momentos discutiendo, llorando y riendo con ella sobre cosas triviales.
 

Y como a un bebé que le falta todo, en Eunmi, una maestra una vez más diferente, encontré a alguien muy especial en mi familia. Ella me abrazó, me confortó, lloró y luchó conmigo cuando sufría pesadillas noche tras noche. Ella pasó por mí muchas noches sin dormir y felizmente me vio crecer durante los dos años. Estuvo a mi lado de manera incondicional y me servía como la única “abuela-niñera” no remunerada que jamás he conocido.
 

Las mujeres que llegaron después se convirtieron en mis “hermanas menores”: me llamaban su “hermana mayor” aunque yo no era capaz de vivir este rol de manera adecuada.
 

Así es la manera cómo aprendí lo que es una familia, y fui parte de una familia aquí. Pasé aquí de nuevo mi infancia, y ahora soy una adulta que va a la sociedad. Quisiera decir gracias a mi familia espiritual que aquí encontré. ¡Gracias! ¡Las amo! La Casa de Madeleine es en donde he encontrado la luz. Ahora puedo ver la hermosa puesta de sol en el cielo, la niebla que se eleva desde el río y el azul profundo del Mar de Japón.
 

Voy a pagar a mis maestros viviendo con orgullo como miembro de la sociedad de manera que mis “hermanas” quienes vienen a vivir aquí encuentren en mí un signo de esperanza. De esta manera el arduo trabajo y sacrificio de todos los maestros no será en vano. ¡Aun cuando deje este lugar, esta Casa de Madeleine seguirá siendo mi casa!
 

Voy a terminar diciendo que los amo porque ustedes me han enseñado cómo amar.