Personalidades de Astoria: Una Hermana para las mujeres del mundo. Por Nancy A. Ruhling - Huff Post New York
Dios mío¡ qué distintas hubiesen sido las cosas si Maureen Mac Gowan, no hubiera detestado tanto la danza irlandesa.
En un impulso de patriotismo mal entendido, sus padre, inmigrantes, la habían inscrito en unos cursos para que aprendiera a conocer la cultura de su país natal. Peor aún, ella lo mismo que sus tres hermanos y su hermana mayor debían seguir a un grupo que ofrecía representaciones en casas de reposo y en Centros para jóvenes en dificultad.
Es así como a la edad de 10 años, Maureen se encontró danzando en Peekskill, New York, delante de un grupo de adolescentes de las que se encargaban las Hermanas del Buen Pastor. Mientras que todas las representaciones habían sido muy aplaudidas, el grupo de Mauren fue abucheado.
“Yo las comprendía perfectamente, pues yo misma detestaba esas representaciones”, dice Maureen. Una mirada de las Hermanas fue suficiente para hacer callar los silbidos.
Maureen no olvidó nunca ni a las jóvenes ni a las Hermanas. Y cuando tomó la decisión de consagrar su vida a Dios, se dirigió a las Hermanas del Buen Pastor, hacia aquellas que tenían la misión de contribuir, a través del mundo, a la emancipación de mujeres y jóvenes de las que la sociedad no se preocupa.
“Se puede decir que yo hice mi camino hacia las Hermanas a paso de danza” y añade ella. “Cuarenta y siete años más tarde “aún estoy en la danza y adoro hacerlo !”
Pero atención ¿no deberíamos llamarla más bien Hna. Maureen ?” No tiene ninguna importancia, todo el mundo me llama Maureen ¡ “ nos responde ella.
Maureen lleva la dirección de Handcrafting Justice, un proyecto de las Hnas del Buen Pastor para la comercialización de productos artesanales fabricados por mujeres de medios desfavorecidos en países en vías de desarrollo
Los despachos están situados en el último piso de un establecimiento escolar parroquial.
Ella nos lleva a lo largo de un corredor flanqueado de puertas a un lado y otro cada dos metros. En este túnel que manifiesta la limpieza compulsiva y un verdadero reto del punto de vista estético, se creería hallarse en un hospital. Aquí es donde se exponen los objetos: bolsos, alfarería, estatuas, foulards de seda, brazaletes, fundas para ordenadores portátiles, muñecas… sobre estanterías metálicas que suben hasta el techo.
Maureen, cuyo vestido en seda reciclada de Handcrafted Justicia, en colores púrpura – real, hace relucir su cruz de Hermana del Buen Pastor como la estrella de Belen, despacha los nombres de una Nación Unida de países: Thaïlande, Perú, Sri Lanka, Haití, Madagascar, Paragüay, Kenya, Filipinas.
No se trata, de ninguna manera de una empresa familiar. El comercio justo y sin fines de lucro representa 300 000 USD de ventas anuales, mientras que 100 000 objetos están expuestos cada día en los locales. Maureen se complace en revelar todos los detalles de cada uno de los objetos.
Maureen que se ha educado en Escuelas Católicas y con la Misa de la mañana, entró en el convento en 1965, tan pronto como salió del Liceo y antes de que las jóvenes de su edad comenzaran a rebelarse contra el Establecimiento.
“Firmé a los 17 años” afirma ella. “Diecisiete ¡, yo creía saberlo todo a mis 17 años.”
En aquella época las mujeres no tenían mucho para elegir.. Era necesario encomendarse a Dios y eso fue lo que hizo Maureen. Ella no se veía ni como enseñante ni como enfermera, ella se veía con vocación para ayudar al prójimo.
“Me sentía atraída por lo social”, dice ella, añadiendo que es diplomada en trabajo social en Yeshiva University. Al cabo de los años, fue contratada por las Hnas en diversos trabajos en New Jersey, New York y Long Island. Tuvo ocasión, desde el principio, de trabajar con adolescentes en un Centro residencial de cuidados.
Fue en esta época cuando ella colaboraba con el Buen Pastor Voluntarios (una asociación de voluntarios que se ocupa de dirigir la misión de los laicos en los proyectos de ayuda a mujeres en todo el mundo) cuando surge la idea de Handcrafting Justice.
La Asociación tiene proyectos remunerativos en vista a la emancipación de la mujer en todo el mundo y las Hermanas. Desean llevar la mercancía producida a todos los mercados americanos.
Las primeras mercancías llegaron a los Estados Unidos en la mochila de Maureen. En 1997 ella jugó un rol clave en la formación de Handcrafting Justice que hoy día, vende sus productos por internet y a través de 22 representantes americanos.
Las Hermanas, en diferentes países, ponen en marcha centros de servicios sociales.” Explica ella. “Lo que ofrecen las Hermanas es fundamentalmente la creación de un lugar entre las mujeres para permitirles ejercer sus oficios.
Para Maureen, la misión de emancipación de la mujer no se detiene cuando ella deja los locales de Handcrafting Justice. Ella vive en Providence House, un organismo con fines no lucrativos de las Hermanas de Saint Joseph en Crown Heights, para la inserción de la mujer en la sociedad.
Maureen, directora de Handcrafting Justice desde 2005, sueña con ver el “non profit a ser una realidad, en este momento é reposa sobre las subvenciones.
“He visto lo que los productores pueden dar”, dice ella.
“Encontrar a las mujeres y darles entusiasmo. Una vez me encontré en una región alejada de Perú, delante de una casa que tenía una cubierta azul por todo techo.”
Cuando después de un cierto tiempo volví al mismo lugar, la familia que allí vivía tenía ya un verdadero techo sobre sus cabezas y un sueldo, y todo eso gracias a la venta por Handcrafting Justice.”
Ella muestra un gran entusiasmo hablando de lo que se ha realizado gracias al “non-profit.
“Tengo 64 años y quisiera continuar en el sector de la justicia económica, pues es una iniciativa que mejora la vida de las mujeres y de los niños. La plenitud de mi vida sobrepasa toda mi imaginación.
Continuaré así mientras que me encuentre psíquicamente capaz. Digamos que se necesita mucho esfuerzo, mucho peso que levantar, mercancías a desembalar y acondicionar para la venta”.
Mientras va hablando descuelga de la pared un sombrero de forma redonda y plana, concebido para proteger del sol tórrido de los Andes. Las mujeres del proyecto peruano se lo habían ofrecido cuando ella las visitó en 2002.
“Es para mí un privilegio ser la voz de estas mujeres hasta que ellas sean capaces por sí mismas, de hacerse oír” afirma Maureen pasando sus dedos sobre los bordados, maravillada por su esplendor